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Estado de Choque

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ESTADO DE CHOQUE

¿Cómo responde el cuerpo humano ante una hemorragia? 

 

El término choque o shock, fue utilizado por primera vez en un tratado descrito por Henry Francois, para definir el estado clínico de las víctimas de herida por proyectil de arma de fuego en 1743.  A su vez, el cirujano inglés, George James Guthrie, en su libro sobre heridas en extremidades, publicado en 1815, fue el primero en usar la palabra “choque” como una connotación de inestabilidad fisiológica.

 

El estado de choque es un síndrome caracterizado por el desequilibrio entre el aporte de oxígeno que resulta de una alteración hemodinámica y su consumo por los tejidos del cuerpo humano, lo que quiere decir que la circulación sanguínea no logra aportar suficiente oxígeno a las células. Inicialmente se produce una lesión reversible, que, si se prolonga, produce daño irreparable. 

 

Existen diversos tipos de choque como el hipovolémico, cardiogénico, séptico y neurogénico. En esta ocasión, nuestra atención se centrará en el choque hipovolémico el cual es causado por una pérdida sanguínea importante y es el que predomina en un paciente traumatizado. 

 

La hemorragia es la causa más común de choque en el paciente traumatizado. Ésta se define como una pérdida aguda del volumen de sangre circulante.

El volumen sanguíneo de un adulto es aproximadamente 7% de su peso corporal; por consiguiente, un adulto de 70kg tiene un volumen circulante de 5 litros. Otros signos vitales de importancia en una persona son la presión arterial (120/80 normal), la frecuencia cardiaca (60-100 normal), la frecuencia respiratoria y la temperatura (36-37ºC normal); una alteración importante en éstos permite la sospecha de que el paciente se encuentra en estado de choque. 

 

Los mecanismos compensatorios que se activan ante una hemorragia intentan mantener una presión arterial normal para seguir aportando oxígeno a los órganos que más lo necesitan, como el cerebro y los riñones; sin embargo, cuando se ha perdido más del 30% del volumen sanguíneo circulante, la presión arterial empieza a caer.

Así mismo, cualquier paciente lesionado que esté frío y taquicárdico (frecuencia cardiaca mayor a 100 latidos por minuto) debe considerarse en estado de choque hasta que se demuestre lo contrario. 

 

La hemorragia se ha clasificado en cuatro grados (I, II, III, IV), lo que permite enfatizar los signos tempranos y la fisiología del estado de choque, además de guiar el tratamiento inicial. La siguiente tabla muestra la pérdida sanguínea estimada, la modificación de los signos vitales previamente mencionados, la alteración del estado mental y el tratamiento inicial según el grado de hemorragia que presente el paciente. 

 

 

El principio básico del manejo es detener la hemorragia, ya sea con presión directa sobre el sitio de sangrado o la aplicación de un torniquete si la pérdida sanguínea es masiva, y reemplazar la pérdida de volumen. Un grado IV de hemorragia amenaza inmediatamente la vida. Los pacientes requieren transfusión rápida e intervención quirúrgica inmediata.

 

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